Después de la Anorexia: historia de una paciente en recuperación ¿Cómo escribir la historia de algo que todavía no termina? Soy Viviana, tengo Anorexia y estoy en proceso de recuperación. Por eso digo que esta historia aún no termina. Mi enfermedad es muy similar a la de cualquiera de mis niñas de Ellen West, pero a la vez muy diferente.
Viviendo con Anorexia
No llegué al Centro de Tratamiento de Ellen West siendo un esqueleto de 30 kilos pero psicológicamente estaba muerta, si no muerta con un profundo y intenso deseo de estarlo, y como muchas de nosotras ni siquiera lo sabia. Yo juraba que mi enfermedad era mi mejor amiga, que así complacería a mi excéntrica familia, que ella me hacia poderosa y me daba control sobre mi vida. Yo creía que gracias a ella, los demás me volteaban a ver, pero al entrar en mi centro de tratamiento - lugar al que le debo la vida pude internarme en las entrañas de mi enfermedad y verla con otros ojos: con ojos más reales. Mi enfermedad no era mi mejor amiga. Yo era mi peor enemiga, castigando a mi cuerpo que no tiene culpa alguna del dolor que había cargado por años. ¿Control? ¡Por favor! ¡No podía controlar ni mis pensamientos! Mi enfermedad se había apoderado de mi, todo en mi mente era calorías peso y perfección.
Mi enfermedad me retaba segundo a segundo: ¿Cuántas abdominales puedes hacer? ¿Qué tanto puedes mentir? ¿Hasta dónde puedes llegar? ¿Qué tanto puedes correr? ¿Qué tan poco puedes pesar? Y nada era nunca suficiente.
Yo era mi peor decepción, me tenía lástima y más grande era mi miedo de quedarme sin la anorexia. ¿Qué iba a hacer sin ella? ¿Quién mandaría en mi cabeza? ¿Qué sentimientos llegarían en su lugar? ¿Qué tanto dolor sentiría? No, simplemente no me imaginaba sin ella.
Sin embargo, día a día me iba consumiendo, mi cuerpo ya no podía y algunos flashazos de realidad, gracias a mis amigos y personas queridas, me hacían darme cuenta de que algo no iba bien… que eso que tanto negaba (el estar enferma) tal vez no era tan falso. Intentaba comer, escuchar mi voz que decía por favor ¡HAZ ALGO! Pero se convertía en un leve murmullo ante el grito de mi enfermedad “¡MAS! ¡NO ES SUFICIENTE! ¡GORDAAA! ¡NUNCA ES DEMASIADO! ¡2 KILOS MAS! ¡3, 4! ¡FRACASADA!”
Era prisionera de mi propia mente y estaba cavando mi propia tumba sin nada más que hacer que ver como la vida se me iba de las manos.
Mi mamá sale al rescate Pero llegó un rayito de luz a mi prisión, la claridad llegó a mi madre que veía cómo su hija se dejaba morir sin darse cuenta y cómo todos sus esfuerzos eran en vano, la enfermedad era astuta y mentirosa y sobre todo manipuladora.
Mi mamá decidió tomar medidas drásticas y de pronto la idea de una clínica contra trastornos de la alimentación se hizo real. Ya no era sólo algo que se veía en la tele, mi enfermedad enfureció, lloró, pataleó y manipuló pero, gracias a Dios, sus esfuerzos fueron en vano. La decisión estaba tomada y no había nada que mi anorexia pudiera hacer, el miedo me invadió.
¿Cómo iba a perder lo que me había dado tanta “seguridad” y “autoestima”? Algo dentro me decía que el vacío que sentía no era precisamente señal de seguridad y que todo el daño que mi cuerpo reflejaba, no era autoestima.
Me interné el el Centro de Tratamiento Ellen West con pocas esperanzas y un miedo enorme.
El Tratamiento de mi Anorexia
Durante mi estancia en Ellen West, logré conocer mi enfermedad y dejar a un lado mi negación. Aprendí a sentir, a amar y a ver con ojos de realidad. Sobretodo, me conocí a mi misma, conocí a las personas que más amo en este mundo y conocí el verdadero valor de una persona. Salí y la vida no a sido fácil. Tengo mis altas y mis bajas y siempre sabré cual es el camino de regreso a la enfermedad, pues esta ahí. Y aunque ya no grita, aún murmura….
Pero también conozco el otro lado, una vida diferente donde el amor y la paz son internos y perennes. Sigo luchando, sé que la vida vale la pena… pues yo sé lo que es sobrevivir y aferrarte de la poca vida que te queda y también sé lo que es disfrutar de la vida con plenitud.
Mi proceso me a echo madurar muchísimo. Para vencer algo así, lo necesito. Y sé que me falta mucho que aprender pero también sé que cuento con el lugar y las herramientas para hacerlo. Los ángeles viven en el cielo pero yo conozco uno que otro que están aquí y que con su luz hacen que la mía no deje de brillar …. GRACIAS ELLEN WEST, no hay palabras suficientes para decirles cuanto las amo….
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