Friday 30th of July 2010
Inicio / Centro de Tratamiento / Testimonios de pacientes / ¿Qué significa la cuchara?: Testimonio de una paciente recuperada de Bulimia
PDF Imprimir E-mail

¿Qué significa la cuchara?: Testimonio de una paciente recuperada de Bulimia

Transcripción del texto presentado en el lanzamiento de la Campaña Alimenta tu Autoestima.

 

Alimenta tu AutoestimaBuenas noches. Y gracias por estar aquí. Estoy muy emocionada de poder platicar con ustedes unos minutos en este lanzamiento.

He tenido la suerte y el privilegio, de ser no sólo testigo de la misión de la Dra. Aizpuru de luchar contra estas enfermedades sino también, durante los últimos siete años, he sido beneficiaria de su generosidad, inteligencia y empatía.

Cuando me pidió que les dirigiera unas palabras, no sabía como empezar. Me pregunté si debía contarles mi historia desde el principio o hablarles de la importancia de esta campaña.

Luego vi el logo de la cuchara lila, diseñado por Oscar Smith y me di cuenta que quizá, sin saberlo, Oscar plasmó en este símbolo la historia, los deseos, los dolores, los prejuicios y los anhelos de todas las mujeres que padecen o hemos padecido un trastorno de la alimentación.

Así que no quiero hablarles de mí, aunque quizás sea imposible evitarlo, quiero hablarles de la cuchara.

En el principio hubo solo una cuchara, pero.. ¿qué hay en una cuchara?

Cuando la conocí, era solo un utensilio, una herramienta hecha para que no me ensuciara las manos y pareciera más princesa y menos salvaje a la hora de sentarme en la mesa. Como la comida, no estaba hecha para que yo depositara en ella todos mis miedos, mis flaquezas, mis dolores y odios.

En algún momento de mi vida aprendí que la cuchara era una vasija, no solo para la papilla, sino también para todo mi mundo interior:. el calor materno, la sonrisa del chocolate y hasta un espejo. La cuchara estaba ahí para llenar mi estómago, y a veces para apapachar el alma.

Pero como todas las que padecen o han padecido anorexia y bulimia, también aprendí que esa cuchara no era para mí. Hubo un instante en que aprendimos que la comida, lo nutritivo, lo materno y todo lo que cabe en la cuenca de la cuchara era para alguien más.

Quizá el contenido de esa vasija era para los hombres, o para los más fuertes, o para las más flacas, pero no para mí. Y así empezó la lucha a muerte contra el contenido de la cuchara y contra todo lo que representa. Pero ¿qué hay en una cuchara?.

En realidad una cuchara es sólo una cuchara, ¿o no?

Gracias a la fundación Ellen West, sé que la cuchara como todo los demás objetos de mi mundo pueden ser renombrados, reinventados... puedo mirarla más cerca o más lejos para darle el nombre que mi alma estaba buscando. Así que veamos a la cuchara con otros ojos.

Empiezo por mirar la agarradera. Es larga y flaca... lo delgado es lo de hoy.. a pesar de tantos años de trabajo a veces me gana el pensamiento de lo normal sobre lo sano. En realidad, en una cuchara lo delgado tiene su función.

 Me permite envolverla, tomarla con fuerza; algo así de delgado no se me puede ir. Pero no es frágil. A esta parte de la cuchara le llamaré el asta, la flecha, el soporte. Es como un suspiro o un deseo. Al final, puede ser lo que quiero que sea.

A veces sueño, como casi todas las mujeres occidentales, con ser un asta, un palo, un objeto agarrable que hoy en día es tan codiciado.

Pero ya ven, sólo 5% de la población mundial tiene los genes que se necesitan para parecer una flecha sin morirse de hambre y aparentemente yo soy parte del otro 95% que vamos por la vida pensando que alguien nos hizo una mala pasada.

Y estaba sembrada en mi enojo y mi miedo por no ser como la agarradera de la cuchara cuando me di cuenta que lo que realmente hace que una cuchara sea cuchara es la cuenca, no el asta.

Y la miro de nuevo, de frente, por delante, por detrás... Veo que puede que yo sí sea una cuchara. Una cuchara como mujer con caderas, con carne... como esas que soy pero que ya nadie vende. Esa curva que permite que la cuchara guarde sus contenidos y nos deje comer es lo que me hace ser mujer. Ustedes y yo somos parte de ese mundo de lo curvo, lo húmedo, lo oscuro.

Puede que la cuchara  sea un elemento femenino después de todo. Pero me miro,y  parece que yo soy un poco más curva de lo que debiera, tantos años de negar mi hambre y llenar la angustia con comida en lugar de amor, me están, a los 28 años, pasando la factura.

¿Quiere decir que yo no tengo derecho a compartir del gozo de ser cuchara?¿Si mi espalda no parece flecha pierdo el derecho de pararme delante de ustedes? ¿de tener voz? ¿de ser amada y deseada como lo son las mujeres que miden la mitad? Quizá las mujeres sí valemos más entre menos espacio ocupamos, es una realidad con la que me enfrento todos los días.


Es un hecho que miles y miles de mujeres se están muriendo de anorexia y bulimia antes de pasar por el vía crucis de ser vistas como lo peor que puede existir: una mujer gorda.  Primero muerta que gorda está detrás de las dietas, el ejercicio, y el sacrificio.

Los que están diciendo estas mujeres con la voz de su cuerpo es: primero muerta que invisible. Les voy a contar decir un secreto: la vida vale la pena hasta con un par de kilos de más... el placer, la belleza, el amor y la tristeza no saben que talla usas..

Hoy estamos aquí porque esa cuchara que en mis manos de deshizo y en mi mente hasta forma de mujer tuvo, hoy adquiere un nuevo sentido.

Esta vez el significado es colectivo, porque todos aquí y muchos que se nos unirán, le estamos haciendo de la cuchara nuestro símbolo. Con ella estamos diciendo que nos negamos a permitir que las mujeres se mueran simplemente porque son mujeres y porque tienen hambre... estamos aquí para ponernos esta cuchara en el pecho y decir que la salud alimenticia es un derecho de todas y no pensamos quedarnos quietos frente a la epidemia que se avecina.

Así, a partir de hoy la cuchara es una bandera.

La cuchara también es una casa que protege. Es un casco, una armadura, un refugio para los que buscan apoyo: eso es lo que Ellen West se volvió para mí.
 
En siete años me he transformado más veces de las que puedo contar.

 Y Araceli Aizpuru y la Fundación me han permitido esconderme, transformarme, agarrarme y beber de la cuenca de su generosidad más veces que las  que he tomado una cuchara. Tengo que hacer una pausa para decir gracias... por mí y por todas la mujeres y niñas, que hemos pasado por los sillones de Ara creciendo en tamaño y en alma. Después de cada visita, salimos al mundo con nuevos ojos y pensamientos más reales.

Algunos de ellos me llevaron a imaginar todo lo que hay en una cuchara y saber, a la vez, que una cuchara sólo es una cuchara.

 

Casilda Malagon, México D.F.

26 de agosto de 2006.