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En nuestro modelo, extendemos la teoría de las relaciones objétales y exploramos la internalización de los símbolos culturales. Nuestro enfoque terapéutico explica y entiende el contexto social pero, además, proponemos una teoría psicodinámica de las relaciones con los símbolos culturales. Creemos que las funciones culturales son matrices relacionales, como una matriz maternal, a las cuales las personas se vinculan consciente e inconscientemente.
La paciente anoréxicaLa paciente con anorexia dramatiza el mandato de que la mujer debe parecer, no ser. Y en esa necesidad de reconocimiento que da forma y sustento a su vacío interno, creyendo con razón que amor, conexión y comida, sólo significan peligro. La anorexia, desde nuestra perspectiva, no es una negativa a crecer, sino una protesta en contra de la vida que se le ofrece a una mujer . La comida representa el objeto traumatizante, persecutorio, envenenado, internalizado como el cuidador inadecuado, sádico, intrusivo, tóxico y controlador. La anorexia pretende preservar el self, self no sólo incapaz de desarrollo sino además atacado por lo cual necesita disociarse para protegerse del abandono o la aniquilación. La mujer siente, que entre más pequeña, menos espacio deja en su interior para ser atacada. Para protegerse, controla la comida y sus pensamientos obsesivos organizan su vida psíquica y el control de sí misma se convierte en el objetivo de su vida.. La comida es un objeto peligroso, su cuerpo como continente de necesidades, sentimientos, demandas y deseos que aterrorizan, tiene que ser controlada y rechazada. Sin otra herramienta en las manos, usa el cuerpo y la comida para crear un ser más aceptable, aspira a ser perfecta, esculpe en su fantasía, un cuerpo invencible. BulimiaLa mujer bulímica, atrapada en el dramático ciclo de atasque-purga-restricción, controlando lo que entra y sale de su cuerpo, intenta demostrar lo que siente sin control e inmanejable. Transfiere el trauma a una batalla alrededor de su cuerpo inconscientemente esperando curar las heridas que la negligencia y o la explotación narcisista entre otros, dejó en su psique. Más y más mujeres están desarrollando bulimia. Este fenómeno requiere un análisis socio-cultural así como la comprensión de la historia personal de cada mujer. La bulimia puede ser entendida como resultado del enorme estrés que demanda la nueva mujer que ingresa l mundo del trabajo. Con una psicología marcada por el género, el cuerpo se hace el lugar que contiene y elimina estas contradicciones. El ambiente familiar se describe con frecuencia como no teniendo espacio para ellas, sin pedir nada, siendo buenas niñas. Se hacen cuidadoras ya que sus necesidades no son importantes y usa su papel de cuidadora para definirse a sí misma. Eso le asegura un lugar en la familia siendo cualquier cosa que la familia necesite que sea: inteligente, perfecta, sexy, éxitosa o no y de esta manera gratifica las necesidades emocionales de los padres. Dentro de esta buena niña, hay una pequeña implorando reconocimiento. Se esfuerza en ser la mejor para defenderse en contra del vacío interno, rabia y sentimientos de abandono. La sintomatología bulímica es un espejo perfecto del problema básico. Nadie sabe su caos, desesperación y vergüenza. Sus necesidades y deseos están disociados y desplazados hacia la comida porque cree que la comida no estará ahí, así como no está bien comer o sentir. Ir hacia la comida es un intento de resucitar la experiencia de maternaje positivo pero con mayor frecuencia la comida es el objeto excitante que inflama el deseo seduciendo con la promesa de nutrir y contener que nunca se obtiene. Dentro de ella, la comida destruye las defensas erigidas contra las necesidades y el objeto malo causa un estado de pánico. Ahora se siente invadida por sentimientos y conflictos de los que quiere alejarse, experimenta una sensación de límites internos, se siente invadida por un objeto aniquilador, intrusivo y convierte su terror y caos en un feroz odio hacia ella misma. Se siente fracasada, gorda, grotesca, llena de vergüenza. La comida dentro de ella y el miedo a la gordura simbolizan el miedo de estar en ese estado de terror e invasión de objetos malos que la purga ofrece desaparecer, restablece sus límites, sacando al objeto traumatizante, recupera el equilibrio y se siente temporalmente aliviada hasta que el ciclo de inicio una y otra vez. Algunas mujeres reportan que cuando vomitan se sienten que existen y se sienten vivas. La mujer bulímica repite simbólicamente lo que tuvo: no sólo fue insuficiente sino tóxico. Atascándose y purgándose, son las únicas, maneras que conoce para lidiar con su soledad y desesperación. Vivir en nuestro cuerpo como aprender a interpretar el hambre de manera exacta es un logro del desarrollo, a este proceso Winnicott le llamó indwelling integración del cuerpo al self. Este es un proceso lento en el contexto de una relación con el cuidador cuyas amorosas manos apoyan al niño para convertirse en una persona. El niño tiene que ser aceptado y valorado para tener sentimientos saludables de personalización es decir, la existencia de un arreglo satisfactorio entre el cuerpo y la mente tiene sus orígenes y se basa en actitudes personales positivas acerca del cuerpo del niño. Cuando no están presentes, la actitud del niño hacia su propio cuerpo estará seriamente comprometida, tendrá una base débil para la formación de una sensación válida y aceptable de sí mismo en su propio cuerpo. El niño necesita encontrares en la cara de su madre para sentirse reconocido y no puede, el bebé permanece perdido y no puede personalizarse. Si ve una cara crítica, vacía, deprimida, con odio o indiferente, vive la experiencia de que él es inaceptable y por ello su futuro será tormentoso. Sin espejo es difícil sino imposible ser visto o reconocido por el otro que es como una persona logra experimentar su propia subjetividad. Este proceso defectuoso de contención es lo que da cabida al falso self. Los pacientes obsesionados por chocolates o pasteles, ya sea por comérselos o nunca comerlos, está, generando la fantasía que mágicamente pueden crear o recrear la solución, el símbolo de la satisfacción de su conflicto interno. Pero está creación mágica es una defensa y las necesidades siguen sin satisfacerse. Así, si un nuño permanece con hambre por mucho tiempo o lo alimentan cuando no tiene hambre, no se establece el hambre como señal para comer. El hambre, para nuestros pacientes, es tan desorganizante que se niega como experiencia corporal en la anorexia o se evita comiendo compulsivamente. Para la niña, la experiencia se asocia con la falta de confianza en el ambiente pueda proveer y satisfacer necesidades. La comida otorgada cuando él no tiene hambre es vivida como “alimento falso”, cuando la tensión es recibida con dulces en lugar de contención, palabras suaves y amorosas, el niño aprende que comida es sustito de cercanía y amor. Esta confusión temprana aunada a las dietas crónicas, hace evidente el hecho dramático de que los pacientes con trastornos de la alimentación no usan y rara vez han usado el hambre o la saciedad como guía de cuando, cuanto y qué comer. Con el incremento en la frecuencia de estas enfermedades, los espacios de tratamiento han proliferado, muchos, la mayoría, buscan controlar el síntoma, viendo el control como un objetivo más que como un problema. Otros, niegan e ignoran los síntomas en un esfuerzo aparente por ir a las raíces del verdadero problema psicológico. Desde nuestra perspectiva, es el síntoma en sí mismo el que contiene y revela la vida interna. Por ello la filosofía de la Fundación Ellen West, está basada en la convicción de que las mujeres tienen el derecho de ser entendidas y respetadas como individuos únicos que tienen su propia y particular combinación de fuerzas y debilidades, capacidades y recursos. Entendemos a estas mujeres como personas cuya condición tiene sus orígenes en aspectos psicológicos y socio-culturales que se exacerban por vulnerabilidades genéticas y fisiológicas Nuestro modelo de tratamiento se fundamenta en el relacional psicoanalítico basado en la díada como medio para el trabajo. Entendemos que la relación con el cuerpo y la comida constituyen repeticiones de relaciones objetales. El tratamiento combina tanto las intervenciones terapéuticas dirigidas a la conducta alimenticia como a los relacionados con los aspectos emocionales y culturales. El tratamiento tiene un foco doble, los síntomas de los t. de la a. y los aspectos emocionales se trabajan de manera simultánea. La comida, el cuerpo, el hambre, el género y las relaciones objetales son los temas recurrentes durante el tratamiento. El psicoanálisis nos enseña cautela para no focalizar en los síntomas; Desafortunadamente hemos encontrado que mucha gente termina su análisis con su trastorno alimenticio intacto precisamente por no haberse hecho ningún trabajo directo sobre el mismo. Creemos que el paciente tiene el derecho a recuperar su voz, a ser aquello que su enfermedad silenció, construir una identidad basada en su valor, inteligencia, logros; atreverse a cuestionar la introyección del abuso y la violencia hacia ellas mismas; dicho de otro modo, nuestra perspectiva es de que el tratamiento efectivo le permite a la mujer experimentarse lo suficientemente valiosa para arriesgarse a soltar los síntomas de su enfermedad, perder ese espacio de poder y control que encontró y que puedan moverse del miedo, la soledad, el aislamiento de su t. de la a. hacia una exploración activa de quiénes son y quiénes pueden llegar a ser. En forma similar y justamente tan importante, de manera implícita o explícita, el tratamiento contiene la declaración de que la mujer tiene el derecho a descubrir sus propios recursos y determinar cómo ella quiere desarrollar su potencial. |


